Cada dia que pasa...
...más cerca de ser ingeniera,
...más lejos tuyo.
Y te sigo queriendo, lo mismo que ayer pero más lejos.
Yo dibujo puentes
para que me encuentres:
Un puente de tela,
con mis acuarelas...
Un puente colgante,
con tiza brillante...
Puentes de madera,
con lápiz de cera...
Puentes levadizos,
plateados, cobrizos...
Puentes irrompibles,
de piedra, invisibles...
Y Tú...¡Quién creyera!
¡No los ves siquiera!
Hago cien, diez, uno...
¡No cruzas ninguno!
Más... como te quiero...
dibujo y espero.
¡Bellos, bellos puentes
para que me encuentres!
Elsa Bornemann, en "El Libro de los Chicos Enamorados"
Empiezo a conocerme. No existo.
Soy el intervalo entre lo que deseo y los otros me han hecho,
O la mitad de ese intervalo, porque también hay vida.
Soy esto, en fin...
Apaga la luz, cierra la puerta y deja de hacer ruido de zapatillas en el pasillo.
Quede yo solo en el cuarto con el gran sosiego de mi mismo.
Es un universo barato.
por la persona que se quiere hay que jugarse la vida. (devuelta mi psiq)
Vida, mi vida, déjate caer, déjate doler, mi vida, déjate enlazar de fuego, de silencio ingenuo, de piedras verdes en la casa de la noche, déjate caer y doler, mi vida.
Hoy me vendría tan bien un abrazo. Sólo abrazarme a él, en silencio. Sentir nuestras respiraciones y nuestros latidos, que lentamente van entrando en sincronismo.
Y por un rato, la realidad se desvanezca en sus brazos.
Me vendría tan bien. Pero está lejos.
Así, yo sigo en soledad, pensando en él. En ese abrazo. (Que algún día llegará, espero que pronto)
Del mar espero barcos, peces, olas
del cielo nada más que sol y viento,
la lluvia, el arco iris y el aliento;
de la tierra no verme en ella a solas.
Espero de la tierra no hacer colas
ni así hormiguear buscando mi sustento;
quiero en todo ganar el mil porciento
y pasármelo todo por las bolas.
No quiero nada más que lo imposible
yo que, modestia aparte, lleno el mundo:
el pez más grande y menos comestible:
hacer en paz la guerra a medio mundo
y a la otra mitad. Indestructible,
plaga del hombre, horror del vagabundo.
Sólo tu corazón caliente,
y nada más.
Mi paraíso un campo
sin ruiseñor
ni liras,
con un río discreto
y una fuentecilla.
Sin la espuela del viento
sobre la fronda,
ni la estrella que quiere
ser hoja.
Una enorme luz
que fuera
luciérnaga
de otra,
en un campo
de miradas rotas.
Un reposo claro
y allí nuestros besos,
lunares sonoros
del eco,
se abrirían muy lejos.
Y tu corazón caliente,
nada más.
